En un mundo donde la única constante es el cambio, la capacidad de las empresas para responder rápida y eficazmente a fuerzas o eventos imprevisibles ya no parece ser opcional: es una necesidad básica. Y para lograrlo, las organizaciones no solo deben ser ágiles sino también altamente resilientes. La capacidad para recuperarse de un cambio o para hacer frente a la adversidad sin perder la funcionalidad y la identidad dependerá de la adecuada combinación de múltiples factores, ninguno de los cuales generará resiliencia por sí mismo. Considerados en forma aislada estos elementos no son novedosos, pero cuando se combinan de manera adecuada pueden adquirir un gran poder transformador. La oficina resiliente se encuentra en la intersección de estos factores y prosperará gracias a una fuerza de trabajo comprometida y capacitada para afrontar los cambios.

Según una frase atribuida a Charles Darwin, no es la especie más fuerte ni la más inteligente la que sobrevive sino la que se adapta mejor al cambio. Si aplicamos a las organizaciones este concepto biológico podemos concluir que las compañías “resilientes” son las que tienen mayores probabilidades de éxito en un entorno cambiante como el de hoy.

El concepto de resiliencia –muy difundido dentro de las prácticas empresariales actuales– se refiere a una noción de la física empleada para describir la capacidad de un metal de regresar a su estado original después de ser doblado al máximo, pero sin llegar a quebrarse. En la década del 70, el concepto se introduce en el terreno de la ecología para tratar de comprender los procesos a través de los cuales los ecosistemas se automantienen y persisten frente a los cambios del entorno. Y a partir de allí se extiende a otras áreas de las ciencias sociales como una metáfora para explicar el impacto de las transformaciones en los sistemas humanos.

Volviendo al contexto empresarial, ¿puede el espacio de trabajo responder a distinto tipo de perturbaciones y tensiones con resiliencia? ¿Es posible desarrollar planificadamente la capacidad de adaptarse y hacer frente ya sea a los cambios del mundo actual o a los desastres naturales?

Dentro de una compañía, la resiliencia no debería ser solo una estrategia sino una condición intrínseca, presente tanto en la cultura y los valores de la organización como en el diseño del espacio de trabajo. La oficina debe estar concebida para adaptarse y evolucionar en respuesta a diferentes factores, ya se trate de eventos fortuitos o de las cambiantes necesidades del negocio y de los empleados, la principal fuente de resiliencia.

Las personas resilientes

Para que una organización sea resiliente necesita personas que puedan responder rápida y eficazmente al cambio, y que sean capaces de adoptar comportamientos positivos acordes a la situación mientras soportan un estrés mínimo. Esto representa una ayuda inestimable a la hora de afrontar eventuales situaciones de crisis o incertidumbre en la empresa.

Saber adoptar una actitud positiva para resolver problemas y no enfocarse en el fracaso ante situaciones difíciles son características de las personas resilientes. Las empresas pueden ayudar a sus empleados a ser más resilientes fomentando estas conductas:

• Percibir las experiencias constructivamente: ante situaciones difíciles es preferible encontrar el costado positivo –percibir el cambio como una oportunidad, no como un peligro– y seguir avanzando. La resiliencia consiste en adoptar respuestas acordes a las necesidades de la situación, en lugar de asumir conductas ineficaces tales como la queja, que van en contra de la resolución del problema y constituyen estrategias negativas de afrontamiento.

• Encontrar recursos adicionales: una actitud resiliente requiere ser capaz de encontrar recursos más allá de los límites de los que se usan habitualmente en el curso del trabajo, tales como el asesoramiento, la información especializada, el apoyo emocional u otro tipo de ayuda.

• Sentirse empoderado: el empoderamiento es un factor clave para tener una fuerza de trabajo resiliente e implica otorgar una mayor participación en la toma de decisiones. Esto fomentará una mejor respuesta adaptativa junto con la posibilidad de utilizar los recursos necesarios para cumplir con los objetivos.


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