Cada vez que decidimos consultar las redes sociales, abrir un libro, escuchar música o iniciar un viaje, se pone en marcha un mecanismo interno que nos incita a saber más: es la curiosidad, esa poderosa fuerza que nos impulsa a explorar el mundo, a ampliar nuestros límites, a aprender y a innovar. También es el motor de la ciencia y la cultura, el antídoto contra el aburrimiento y la depresión, el disparador de nuevas ideas.

La curiosidad que despierta el medio ambiente es común tanto al hombre como a los animales y tiene una clara función biológica que da origen a la exploración para buscar alimento, agua, refugio, compañía. En cambio, la llamada curiosidad epistémica es privativa del ser humano y tiene una motivación interna: el ansia de conocimiento, el deseo de obtener nuevas experiencias y el impulso de buscar respuestas que tal vez hoy no sean relevantes pero que podrían ser útiles mañana. En un mundo complejo y cambiante es imposible saber qué información podría ser valiosa en el futuro.

Salvo raras excepciones, la curiosidad se va atenuando a medida que crecemos, especialmente cuando la motivación interna para la exploración y el aprendizaje es reemplazada por factores externos bajo la forma de premios y castigos. Esto, que es particularmente notorio en el ámbito de la educación, también se deja ver en el mundo laboral y produce apatía, desinterés y falta de compromiso.

Para que puedan desarrollarse la creatividad y la capacidad de innovar –competencias cada vez más valoradas como factores de crecimiento en las empresas– es indispensable fomentar la curiosidad en las personas. Albert Einstein afirmaba: “no poseo ningún talento especial, solo soy apasionadamente curioso”.

Un entorno abierto que facilite una comunicación fluida y la exposición a tantas personas e ideas como sea posible junto con una cultura que aliente la autonomía, que permita la exploración y que sea tolerante al fracaso, son algunos de los elementos que pueden convertirse en el combustible necesario para avivar la chispa de nuestra innata curiosidad por saber.

Víctor Feingold
Arquitecto
Director FM & WORKPLACES